La cinta
Deshilachada o partida. Es la pieza que más trabaja y la primera que avisa: cuesta cada vez más subir.
Cintas, poleas, recogedores, ejes y lamas
Es la avería que más vemos y casi siempre se arregla en la misma visita. Llevamos cinta, poleas, recogedores y rodamientos de las medidas que montan los edificios de Móstoles.
la avería más común
La cinta se parte por el roce, casi siempre a la altura del recogedor o justo donde entra en el cajón. Cuando cede, la persiana baja de golpe o se queda a medias. La cambiamos entera, no por trozos.
Aprovechamos para mirar la polea: si la cinta se ha ido antes de tiempo, muchas veces es porque tiene una rebaba que la está cortando. Y el recogedor, esa caja empotrada en la pared, falla por el muelle, que pierde tensión, o por el freno, que ya no aguanta la persiana a media altura.
En las viviendas más antiguas de Móstoles aparecen modelos que ya no se fabrican. En esos casos se sustituye por uno equivalente ajustando el hueco.
Conviene saber que la cinta no se rompe de un día para otro: primero se deshilacha por un canto, luego cuesta más subir la persiana y solo al final cede. Quien llama al notar el primer síntoma se ahorra el susto de quedarse a oscuras un domingo por la tarde.
qué se rompe
Deshilachada o partida. Es la pieza que más trabaja y la primera que avisa: cuesta cada vez más subir.
Ya no recoge, o no frena y la persiana se desploma. Los hay de empotrar y de superficie.
Se agarrota y la persiana va dura; si se rompe el soporte, la cinta se sale y roza contra la madera.
Son los del chirrido metálico que se oye desde la habitación de al lado cada vez que alguien sube la persiana.
Cuando cede un soporte lateral, la persiana sube torcida o se atasca contra la guía.
Partidas por golpes, por años de sol o por forzar la persiana estando trabada. Se cambian sueltas si el perfil se sigue fabricando.
antes de llamar
No hace falta que acierte, pero cuanto mejor describa el síntoma, más probable es que lleguemos con la pieza correcta y lo dejemos resuelto en la misma visita. Estas son las cuatro comprobaciones que hacemos por teléfono, y usted puede hacerlas antes de descolgarlo.
Si la cinta gira en falso y no se oye nada arriba, lo normal es que esté partida por dentro del cajón. Si se oye rozar o chirriar, mire hacia la polea y los rodamientos.
Los hilos deshilachados en un canto son el aviso de que va a ceder. Si además está gastada justo a la altura del recogedor, es que la polea tiene una rebaba que la está cortando.
Si se desploma en vez de quedarse quieta, el freno del recogedor ha dejado de sujetarla. Es de las averías que conviene resolver antes, sobre todo si hay niños en casa.
Si entra torcida, si roza contra una guía o si asoma una lama por un lateral, el problema está en el eje o en las guías, no en la cinta.
Una advertencia, y va en serio: no abra usted la tapa del cajón para mirar dentro. Una persiana enrollable pesa lo que pesa y va sujeta por un eje con muelle; si el conjunto se suelta con la mano dentro, el golpe es serio. Con contarnos el síntoma es suficiente.
el otro mecanismo
No todas las persianas llevan cinta. En los ventanales grandes, en las puertas de terraza y en muchos huecos altos de Móstoles el sistema es de manivela: se gira un brazo y el movimiento llega al eje a través de un mecanismo de engranaje. Aguanta mucho más peso que una cinta, pero cuando falla, la avería es otra y las piezas también.
Se mueve el brazo y la persiana no responde. Casi siempre es el mecanismo de engranaje, que ha perdido los dientes, o la varilla, que se ha soltado de su alojamiento.
El fleje es la cinta metálica que sustituye a la de tela en algunas persianas. Se parte por fatiga, siempre por el mismo punto de doblez, y con él la persiana deja de subir de golpe.
Es la pieza sobre la que se enrolla la cinta o el cordón dentro del cajón. Si se agrieta o se sale de su asiento, la persiana sube torcida y termina trabándose contra la guía.
En las persianas más pesadas, en lugar de cinta va un cordón de acero. Se deshilacha hebra a hebra y conviene cambiarlo en cuanto se ven los primeros hilos sueltos, porque al romperse la persiana cae de una vez.
Cuando el conjunto se sale de su sitio y queda colgando dentro del cajón, torcido o atrancado. Hay que descolgarlo entero, revisar los soportes del eje y volver a montarlo aplomado.
El brazo se afloja del cardán o se parte por el codo. Es la pieza más barata de todo el mecanismo y la que más se nota, porque deja el hueco inutilizable.
Trabajamos los dos sistemas, el de cinta y el de manivela. Si no sabe cuál tiene el suyo, basta con mirar cómo se sube la persiana: si tira de una tira de tela, es de cinta; si gira un brazo metálico, es de manivela. Dígalo al llamar y salimos ya con la pieza que toca.
cómo trabajamos
Cuando llama, lo primero es preguntarle qué hace la persiana: si baja sola, si va dura, si se oye algún ruido, si el cordón gira en falso. Con eso ya sabemos casi siempre qué pieza hay que llevar.
En casa abrimos el cajón, comprobamos el conjunto entero y le decimos qué hay que cambiar y cuánto cuesta antes de tocar nada. Si decide no seguir adelante, la visita no le cuesta nada.
La mayoría de las averías quedan resueltas en esa primera visita. Solo hace falta volver cuando la pieza es de una medida rara o la persiana es tan antigua que hay que pedir el perfil.
Trabajamos así desde el primer aviso porque somos un taller de persianas de Móstoles, no una plataforma que reparte partes a quien esté libre. Va siempre la misma gente, con las mismas piezas y conociendo los edificios de la zona.
el aviso, paso a paso
Por teléfono o por el formulario. Con dos o tres datos ya sabemos qué recambio cargar.
El mismo día o el siguiente. Abrimos el cajón y localizamos de dónde viene el problema.
Cerrado, antes de empezar. Si no le encaja, no hay coste por la visita.
Subimos y bajamos la persiana varias veces con usted delante, y recogemos.
lo que cuesta
La cinta es de las piezas más económicas que existen en una persiana. Lo que mueve el precio de la reparación no es el material, sino cuánto trabajo hay que hacer para llegar hasta él y qué más se encuentra uno por el camino.
El de superficie va atornillado a la pared y se cambia en un momento. El empotrado vive dentro de una caja en el tabique y obliga a desmontar la tapa y trabajar dentro del hueco.
Las de 14 y 18 milímetros son las corrientes en vivienda. Las persianas grandes montan cinta más ancha o cinta de mayor carga, que va por otro precio.
Cuando lo que ha fallado es el eje o un soporte lateral, no basta con abrir el cajón: hay que sacar el conjunto entero y volver a colocarlo. Ahí el trabajo se multiplica.
Una ventana de dormitorio, con la escalera de mano. Una cristalera detrás del sofá o un hueco sobre la encimera de la cocina llevan su preparación antes de empezar.
Es habitual que la cinta se haya partido porque la polea tiene una rebaba o el rodamiento está agarrotado. Cambiar solo la cinta sería devolverle la avería dentro de tres meses, así que se lo decimos antes de seguir.
Si la casa tiene cuatro persianas de la misma edad, mirarlas todas en la misma visita sale mejor que ir llamando de una en una según van fallando.
Nada de esto se cobra por adivinar: pasamos, abrimos, le decimos el precio cerrado y usted decide. Si prefiere dejarlo, no hay coste por la visita. Cuando el diagnóstico es que la persiana ya no da más de sí, se lo diremos igual de claro y hablaremos entonces de sustituirla por una nueva a medida.
dónde atendemos
Todo Móstoles: el centro, Parque Coimbra, Parque Guadarrama, Villafontana I y II, Parque Estoril II, El Recreo, Iviasa, Cerro Prieto, Parque Vosa, Parque Fátima, La Princesa, Corona Verde y la zona de El Soto. También Alcorcón, Villaviciosa de Odón, Arroyomolinos, Fuenlabrada y Leganés.
La edad del edificio cambia bastante el trabajo. En los bloques del centro, levantados en los años setenta, casi siempre hay recogedor empotrado y perfiles que ya no se fabrican; en las promociones nuevas del oeste, la persiana suele estar sana y lo que se ha ido es una pieza concreta. Por eso preguntamos la calle antes de cargar la furgoneta: es la forma más barata de acertar a la primera.
Si además de reparar quiere quitarse la cinta de en medio, aproveche la visita para preguntar por la motorización de ese mismo hueco: con el cajón ya abierto, el montaje sale más limpio.
dudas frecuentes
Entre veinte minutos y una hora, según cómo esté el cajón y a qué altura quede. Lo que más alarga el trabajo es un cajón que lleva años sin abrirse o que quedó atrapado tras una reforma.
Casi siempre es la cinta partida por dentro o el eje salido de su soporte. Es de las averías más rápidas de resolver, aunque asuste porque deja la habitación a oscuras.
Sí, siempre que se encuentre el perfil en la misma medida y color. Si la persiana es antigua y ya no se fabrica ese perfil, a veces compensa más cambiar el conjunto que ir sustituyendo lamas sueltas.
Sí, y suele salir mejor agrupar la visita. Cuando en un bloque empiezan a fallar varias persianas de la misma promoción, revisarlas seguidas ahorra desplazamientos.
Sí, atendemos de lunes a sábado de 8:00 a 20:00. El sábado suele ser el día con más avisos, así que conviene llamar cuanto antes para coger hueco.
Se puede aprender, no vamos a decir lo contrario. Los dos problemas suelen ser los mismos: acertar con el ancho y el largo exactos, y sobre todo trabajar con el eje suelto encima de la cabeza. Si se anima, hágalo con la persiana bajada del todo y con alguien sujetando; si no, para eso estamos.
Depende de cuánto se use el hueco y de cuánto sol le dé. La cinta de una ventana de cocina, que sube y baja todos los días, se cansa mucho antes que la de un dormitorio de invitados; y una fachada de poniente reseca el tejido antes que un patio interior. La señal es siempre la misma: hilos sueltos en un canto.
No suele serlo, pero conviene mirarlo. Ese chirrido son los rodamientos del eje pidiendo relevo. Si se deja pasar, el eje acaba trabajando forzado y termina llevándose por delante la polea o el propio soporte.
Sí, y también las de aluminio inyectado y las de plástico de los pisos más antiguos. El mecanismo, que es lo que falla, es prácticamente el mismo en todas: cambia el material de la lama, no la cinta ni el recogedor.
Sí, es el mismo oficio. Cambiamos el mecanismo de engranaje cuando la manivela gira en falso, el fleje partido, el cordón de acero deshilachado, el tambor del cajón y la propia manivela si se ha roto por el codo. Para saber cuál tiene: si sube tirando de una tira de tela es de cinta, y si gira un brazo metálico, de manivela.
Casi siempre sí. Hay que descolgar el conjunto entero, revisar los soportes del eje, que suelen ser los culpables, y volver a montarlo aplomado. Lo que no conviene es seguir forzándola: cada intento de subirla estando descolgada dobla lamas y estropea la guía.
Se lo decimos antes de tocar nada más y con el precio delante. Nunca se amplía el trabajo por nuestra cuenta: usted decide si se arregla todo ahora, si se hace solo lo urgente o si prefiere pensarlo.
y también
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